taxi1Tome un taxi en Londres y tenga la seguridad de que el taxista conocerá, sin duda, la ruta más corta y rápida para llevarlo a su destino, sin usar Waze ni ningún sistema parecido. Los taxistas ingleses deben pasar un test llamado “The Knowledge” (“El Conocimiento”) uno de los exámenes más difíciles del mundo para el que se preparan durante años, y es el equivalente a tener implantado en el cerebro un atlas completo de Londres. Este examen puede tener preguntas como “¿En qué calle hay 3 Pubs que empiezan con la letra P?” y requieren que el candidato conozca al detalle no sólo las calles de la ciudad, sino las mejores rutas para llegar a cualquier punto, tomando en consideración el tráfico.

En Miami llamé a un taxi usando UBER y en minutos aparece una BMB X5 manejada por una Costarricense, estudiante de MBA, que está lanzando su empresa y hace UBER ocasionalmente para pagar su auto. El viaje me cuesta la mitad de lo que hubiera pagado normalmente en un taxi tradicional, voy súper cómodo, pago lo establecido y no me pide propina.

El fenómeno es similar en todos países desarrollados. Las Apps de Taxi, como Uber, Cabify o Easy Taxi están retando al sistema establecido y generando gran descontento entre los taxistas, empresas de taxi formales, que han pasado por un proceso y han invertido grandes recursos para cumplir una serie de requisitos y que ahora ven amenazado su negocio por estas Apps, a las que perciben como competencia desleal y que atacan al mismo mercado. En estos países las empresas formales de taxi están en serio peligro de extinción.

Curiosamente en el Perú el fenómeno es a la inversa. Las Apps de Taxi están logrando en menos de 3 años, grandes avances en lo que el estado ha tratado de hacer sin éxito desde hace décadas: Formalizar el sector de Taxis.

Para poder usar estas Apps, normalmente los taxistas deben registrar sus datos, recibir una capacitación, tener un vehículo que cumpla con estándares mínimos y bancarizarse. Cómo son evaluados por los clientes en la app también suelen ir mejor vestidos, tener el taxi limpio y ser más amables que los taxistas informales.

Los usuarios tienen en su aplicación los datos del vehículo y el taxista que los recogerá y saben de antemano el costo de la carrera. Las tarifas son bastante competitivas, aún si se comparan con las de un taxi “de la calle” y los taxistas pagan a las empresas proveedoras de las Apps un monto, que puede llegar a ser el 20% del costo total de la carrera.

¿Por qué las Apps están logrando tan rápido lo que el estado no pudo lograr nunca? Porque ofrecen un sistema ganar-ganar donde ganan el taxista, el pasajero y la app. La aplicación ofrece al taxista un medio efectivo para encontrar pasajeros, los pasajeros tienen una manera segura y conveniente de conseguir un taxi y la app obtiene ingresos importantes por sus servicios. Todos ganan, el sistema funciona. No ha sido necesario amenazar a los taxistas para que se “formalicen”, simplemente les conviene. La zanahoria funcionó mejor que el palo.

Ahora las Apps están llegando a otras formas de transporte público, como los buses. ¿Se imaginan poder ver en una App las rutas de buses, ver en tiempo real en el mapa donde están sus buses, que tan llenos están, los paraderos más cercanos, cuanta falta para que el bus llegue a ese paradero, que conexiones puedo hacer para llegar a mi destino y el tiempo aproximado que tomará? Además, puedo pagar el viaje desde el mismo celular en el momento que abordo el bus. Los buses para poder unirse a la App deben tener unidades nuevas, no sobrepasar determinado número de pasajeros, detenerse sólo en los paraderos establecidos, no tener papeletas pendientes y mantener las infracciones al mínimo. Como usuario, ¿no preferiría tomar un bus así? Nuevamente un esquema ganar-ganar. No sólo ganan los buses y los pasajeros, se beneficia toda la ciudad con un tráfico más ordenado.

Viendo estos ejemplos, ¿Sería posible trasladar esto a otros sectores de la economía? Pensemos, por ejemplo, en el alto índice de informalidad en las Pymes. Actualmente, para de estas empresas, el proceso de formalización ofrece pocas ventajas, y en muchos casos, por el contrario, grandes desventajas porque genera tal cantidad de sobrecostos, que restan competitividad (en la medida que se desempeñe en un sector mayoritariamente informal) y pueden terminar liquidando la empresa.

Es en parte debido a esto que los intentos tradicionales del estado de llevar a las empresas a la formalización a través del miedo (formalízate o te multo/cierro) o del corazón (tus impuestos son obras) avanzan a paso de tortuga. La economía es un monstruo egoísta que funciona fríamente basado en la lógica. Si las opciones son ser informal y seguir funcionando hasta que me descubran (que muy posiblemente no pase nunca) o formalizarse y morir, no sorprende la elección.

A lo mejor el estado podrían emplear algo menos de tiempo en pensar nuevas formas de complicar a los formales e invertirlo en crear una propuesta de valor para las informales, donde simplemente sea económicamente más conveniente ser formal, un esquema ganar-ganar para la empresa, el cliente y el estado. Sólo cuando se logre esto, podrán darse pasos importantes hacia la formalización ¿o tendremos que esperar a que aparezca una App para esto?